Nació en Salónica cuando aún era turca. Y lo hizo allí porque a los Reyes Católicos se les ocurrió expulsar a los judíos de España 400 años antes. Cuando aquella ciudad cambió de manos y los griegos pidieron a su familia que estos renunciaran a la nacionalidad española -que todavía detenta- para convertirse en ciudadanos de Grecia, los Carasso decidieron trasladar a su familia y volver a casa, a España, a Barcelona. Después Daniel Carasso decidiría estudiar en París, en el Institut Pasteur, y quedarse a vivir una vez que había creado Danone.
Habría sido así de no ser por el peligro que entrañaba el nazismo y su obsesión judía. Cedió todos sus poderes y se embarcó en un barco rumbo a Cuba, primera parada de un largo viaje que, por un tiempo, acabaría en Nueva York. Estados Unidos nunca le convenció y finiquitada la Segunda Guerra Mundial regresó a la capital gala, su residencia, donde quien le sustituyó durante aquel periodo le devolvió los papeles sin poner ningún problema. Lo mismo sucedería en la empresa de su padre, que había repartido la compañía entre los tres hermanos -dos hermanas y él- a su muerte, al poco tiempo de concluir la Guerra Civil.